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2003-05-01

Tarzán en Nueva York

Tarzan en Nueva York.
Si, así me noté ó por lo menos es lo que resentí a mi vuelta a Barcelona. Tarzan en Nueva York.
Completamente desubicado. Perdido.

Edificios y más edificios, todos más altos y ensordecedores unos que otros. Menos mal que suena el claxon de los coches para entorpecer el murmullo de la multitud paseando, quiero decir, abriéndose paso a través de Av. Diagonal ó de la Gran Vía. Raudal de gente con disfraz de domingo, niños de ciudad con trajes y corbata, a veces alguna que otra franja gratis, franja en el espacio y en el tiempo claro, porque resulta que ahora todo es de pago, pago para respirar, para caminar, para parquear, como decía la taxista cubana de Nueva York, no es más que un comunismo organizado. Te quieres desplazar, hay que correr y correr, siempre apresurado, quieres acomodarte, hay que dar de codazos, quieres complacerte, hay que pagar, esto es el resultado de esta selva moderna, otra que la que a mi me gusta. Y de la Europa moderna, por supuesto.

Ah Tarzan, me ha costado muchos años pero ahora entiendo y concibo porque no te podías pasar de tu selva, tus palmeras, tus cascadas y tus animales de compañía.
Por un lado me vuelvo feliz a Costa Rica, por otro muy triste de ver que Barcelona me asusta, que me voy sin Jane - por cierto sigues igual de hermosa nena - y que quizás me tenga que devolver en pocos meses, dejando atrás mi tabla de surf, mi Tamarindo, mi Puerto Viejo, mis anocheceres del Pacífico, mis amigos hogareños, Lili, Peggy, Pixie, Pebbels, y demás maes, mi selva relajante, mis viajes por Centroamérica, el Mambo Bar de Pocahontas, el bar chino de Jonás, dejando esa Pura Vida que sencillamente estoy empezando a saborear y que ya me está desclavando de aquí.

Ahora te entiendo Mendiluce cuando explicabas en tu libro de Pura Vida, 'no me falta nada que yo sienta'.

Y aquí estoy, de esa manera, escondido en uno de mis bajos momentos emocionales. Pero supongo que mi hermosa amiga Nathalie Suez-Panamá tenía razón, supongo que la Vida es eso, llena de altibajos, y los momentos bajos se averiguan necesarios para poder saborear los buenos momentos.

Tarzan en Nueva York, si, así me sentí. Lo siento y asiento.
Ahora que la Sociedad se mueve cada vez más deprisa, me entran las ganas de caminar cada vez más mansamente simplemente con el fin de poder regocijarme de cada segundo, en su mejor intervalo, cumpliendo una a una mis ilusiones.
Pero no todo es gris, seamos sinceros y que hable el corazón! Sigue mi familia y siguen mis amigos, eso siempre, aunque a excepción de ellos, hoy por hoy, en Barcelona, 'no tengo nada que yo sienta...'.
Miguel Habana.

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